lunes, 24 de agosto de 2009

VISITA A COPENHAGUE Y BERLÍN















Parece mentira, pero todavía por estas fechas, hay gente que sigue de erasmus. Entre lo extraordinario y lo ilegal, así se halla Lara: extraordinario porque un erasmus que se extiende todo el verano y se cierra con 12 meses no puede obtener otro calificativo; e ilegal porque a mi me parece que es un poco abusar. Envidia (sana o no) en todo caso.

Y como yo, ente de palabra, había prometido una visita a esa genial ciudad y a la no menos fantástica Lara, aproveché unos días que tenía libres en julio y un plan de viaje suyo para acercarme a la recién denominada Usain Bolt's city y comprobar in situ, las condiciones de un erasmus en Berlín.

Con ese espíritu etnográfico (que buena palabra para designar al "meapuntoatodoslossaraos") del que hago gala, me sumergí en el ambiente erasmus berlinés apuntándome al primer plan que surgió. "Strugen Bajen Kopenhaguen" (Vámonos a Copenhague) gritaron los erasmus enfervorecidos. Amén, dijimos. Y dos italianas futuras doctorás Vilches -una bisexual, la otra cartesiana-, Lara y un servidor, nos apuntamos a pasar 4 días en la ciudad danesa ¿alicientes? los asistentes, el viaje en autobus-goleta-autobus y que íbamos de couch surfing ¿lo cualo? Couch surfing es un invento del diablo, o de internet en su defecto, que al más puro red social sirve para ofrecer tu casa para que mochileros visiten tu ciudad yyyyyyyyy al mismo tiempo y lo más interesante: cuándo tu eres el mochilero, te adopten como un payo sin familia allá donde quiera que vayas a parar.

El plan era redondo, 4 días en Copenhague y 3 en Berlín. Tal y como diría Lara: Was wollen wir mehr? (qué más se puede pedir). Pues que me calle un poco y vaya al grano. Copenhague muy bonito, su sirenita, su daneses tranquilitos, su barrio hippy costra Cristiania donde se venden piedras de costo como pelotas de tenis y todo el mundo va super fumado. Su playita, sus céspedes, su National Gallery, los juegos olímpicos gays -con su cura gay incluido- y los sandwiches que hacía la italiana Livia que eran lo más parecido a masticar los apuntes de Federico.

Hasta aquí Copenhague, porque el resto se lo reservo al personaje que nos acogió con el Couch Surfing. El caso fue que yendo ya para allá, me confirmaron las chicas que el hombrecillo de nombre impronunciable no había puesto ninguna pega en acogernos ¡a los 4! bajo la única condición de que le llevásemos gorros "cools". Hasta aquí, todo relativamente correcto. Ahora bien, cuando llegamos al apartamento de este hombrecillo, la traca de petardos sorpresa comenzó a estallar: lo primero fue su nombre, mezcla entre Cranco y Trol, dichos a la vez y con la lengua trabada (Tröèls); lo segundo fue descubrir que la casa que nos iba a acoger no era todo lo grande que esperábamos, de hecho era un apartamento con un comedor, una habitación, un a cocinilla y un baño; lo tercero fue ver el estado del mismo, algo así como el resultado del síndrome de Diógenes de Willy Fog con aroma Hawaiano -luces de colores tipo navidad colgadas de árboles tropicales, entre posters de playas del pacífico y farolillos tibetanos, un coche de juguete que hacía las veces de bañera con un chorrito de fuente (verdaderamente impactante) y todo rodeado de cientos de gorros extravagantes... vamos, un puto show-; cuarto y tratando de evitar el ataque epiléptico por las lucecitas parpadeantes y el escenario dantesco, descubrimos que la ducha del baño consistía en una alcachofa que salía directamente del grifo y había que ducharse de pie en el sitio, complemento a priori sensacional para nuestro anfirtrión, que estaba entusiasmado con poder cagar a la vez que se duchaba; quinto y ya con los ojos desorbitados por el shock, descubrimos que en las paredes de toda la casa había pintadas y dedicatorias que habían ido dejando todos los visitantes que había acogido el Trolsss, entre las que se incluían los tamaños de las pichas de todos los asistentes y su grosor, en una lista pormenorizada en el baño, justo encima del espejo; y sexto y último, antes de la lipotimia nos recordó, así por encima y sin apenas darle importancia que esa noche iban a llegar dos chicas más, y a la noche siguiente otras cinco. Aja, mmmmhh dormir en un salon de 8m2 once personas, aja.

Como veis, el tío era un cachondo, y la verdad es que no tenía ni un pelo de tonto. De los 11, el único que había aceptado que podía escribir en la lista era yo, el resto: pitutis. Además, acababa de terminar ingeniería informática... con 39 años, que había dedicado en su gran parte a viajar como un descosido. Llevaba 270 personas acogidas en lo que iba de año y no parecía afectarle en nada que pululasen mochileros apatridas por su casa. La fiesta de sombreros con la cocina de tapas estuvo muy bien, aunque después tuviésemos que dormir los once en el comedor, en una orgía de ronquidos, luces de coloritos, plantas gigantes y sombreros. Como para no tener pesadillas.

Y para terminar nos quedaba Berlín. A lo largo del año y a través de las múltiples entradas, hemos comprobado hasta que punto se puede flexibilizar el concepto de comodidad hogareña cuando te vas de erasmus, podemos recordar mi árbol en Rennes o la no menos confortable habitación de Chema (véase la frase "Chema, cuidado que se te ha caido la leche al suelo de tu habitación. - no te preocupes, ya lo límpia la lluvia"), pero en esta ocasión, Lara quiso romper todos los records. La situación prometía, porque ya me había avisado que vivía con 4 punkys más, lo cual, por muy mal que se diese, iba a dar mucho juego. Y así fue: casa en un quinto sin anscensor, techos altos, muros anchos y cuatro habitaciones. Uno de ellos no tenía habitación e iba rotando. La verdad es que no llegué a conocerles a todos, pero lo importante, como si de artistas hablásemos, eran sus obras, y su opera prima era la cocina. La madre que los parió a todos. En un exceso de indulgencia o atrofía del nódulo de la higiene, Lara me afirmo, contentísima de la muerte, que sus amigos habían "limpiado" la cocina. Amos a ver: limpiar, limpiar, del verbo limpiar... isssschhhhhh, si acaso ordenar los 2.456 botellines que se habían ido acumulando en la cocina y colocar uno encima del otro cada uno de los platos de comida que habían utilizado en los últimos 2 meses. Eso sí, hay que reconocer que estaban todos muy bien colocaditos ¿Fregonen? pues ese concepto no se lo debe dar en Barrio Sesamén porque fue entrar en la cocina y no poder salir, no de la impresión, sino porque directamente me quedé pegado en el suelo... pero vamos, que estaba muy limpio.

La experiencia fue genial, y Lara? en plena metamorfosis erasmusiana. Encantada con una ciudad que tiene todos los votos para ser una de las mejores para realizar un erasmus (exceptuando sus -10ºC en invierno), feliz por su trabajo nuevo en el Bar Celona, y orgullosa de haber aprobado todo y aprendido tanto alemán -por mucho que ella lo niegue-. Bicicleta en ristre, verano en apogeo, nuestra amistad se exalto: la convivencia fue cuasi perfecta ¿verdad?

"...la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia,
la inteligencia tiene sus límites, la tontería no..."
Claude Chabrol

1 comentario:

lara dijo...

ya siento el retraso en ver esta entrada... muchas gracias campeón, muy graciosa... sobre todo la última foto...
a la couna estáis todos invitados, para demostraros que no está tan mal. Ya se echa de menos.